Preguntas Frecuentes

Descubre cuáles son los problemas o las dudas más comunes en los pacientes y como pueden resolverse.

Preguntas Frecuentes: Audición

Es probable que usted sea el último en enterarse. La mayoría de las pérdidas auditivas vienen tan gradualmente que usted no se da cuenta hasta que ya es un gran problema. Primero la notarán las personas en su alrededor. Es probable que usted tenga que pedirles que repitan las cosas que acaban de decir, especialmente si se encuentra en un lugar donde hay ruidos de fondo. Es posible que usted comprenda mal y que tenga que poner el volumen del televisor más alto que antes.

También es posible que usted no oiga el timbre de la puerta, el teléfono y/o señales de advertencia. En la medida que la pérdida auditiva se agrava, es posible que le cueste mucho esfuerzo escuchar una conversación y que se canse debido a este esfuerzo. Con el tiempo incluso puede ser que usted evite acontecimientos sociales y pierda el interés por actividades que antes solía disfrutar. A nivel mundial, aproximadamente unas 500 millones de personas están padeciendo de una pérdida auditiva. Aunque casi el 20% de las personas entre 65 y 74 sufren de una pérdida auditiva significativa, quizás le sorprenderá escuchar que también más y más jóvenes están padeciendo de una hipoacusia, debida en la mayoría de los casos a una exposición excesiva al ruido.

Un estudio reciente del NCAO (National Council on Aging) estadounidense ha revelado lo siguiente: Las personas con hipoacusia no tratada se quejan de un aumento de los sentimientos de depresión y ansiedad, un incremento de las paranoias y de las fobias sociales, mayores sentimientos de ira y de frustración, una tendencia incrementada a vivir de manera introvertida y mayores sentimientos de autocrítica. También reportan una salud general empeorada, actividades sociales reducidas e incluso un poder salarial reducido. Varios estudios han demostrado que la mayoría de las personas que padecen de una pérdida auditiva significativa esperan varios años hasta que, finalmente buscan ayuda. El motivo para esto pueden ser, en parte, cierta renuencia a admitir que existe un problema, pero lo que más influye es el hecho de que las pérdidas auditivas se dan gradualmente y consecuentemente suele pasar mucho tiempo hasta que las personas afectadas se percaten de que están padeciendo de una pérdida auditiva.

Cuando estas personas finalmente comienzan a usar audífonos, normalmente quedan sorprendidas al descubrir cuántas cosas se habían perdido. Cuanto antes usted se de cuenta de que probablemente está padeciendo de una pérdida auditiva, tanto antes usted podrá someterse a una evaluación minuciosa de su audición, para beneficiarse de un tratamiento adecuado. Afortunadamente, la situación puede ser mejorada considerablemente para la mayoría de las personas que la padecen. El mismo estudio reveló que las personas con hipoacusia tratada (con audífonos y/o un tratamiento médico) reportan mejores relaciones familiares, una mayor autoestima, una mejor salud mental, una mejor sensación de independencia y de seguridad, un mejor estado de salud general y una vida social más intensa y rica.

Para entender la pérdida auditiva, se requieren unas informaciones básicas sobre el funcionamiento del oído. El oído humano es un sistema de análisis del sonido sumamente complejo, capaz de detectar sonidos en una gama increíblemente amplia de intensidades y frecuencias. Normalmente describimos el oído en tres secciones principales: el oído externo, el oído medio y el oído interno. El oído externo tiene la función de captar los sonidos. Las vibraciones sonoras causan un movimiento del tímpano que está conectado a una cadena de tres huesecillos minúsculos.

El oído medio sirve para intensificar la energía de las vibraciones sonoras y las transmite a la cóclea, que está situada en el oído interno. La cóclea es un órgano central para la audición. Contiene miles de células ciliadas, las cuales están conectadas a las fibras del nervio auditivo. Estas células ciliadas responden a diferentes frecuencias e intensidades de sonido. Las vibraciones sonoras que entran a la cóclea hacen que las células ciliadas generen señales electroquímicas que viajan a través del nervio auditivo al cerebro, el cual las reconoce como sonidos. Una persona que dispone de una audición normal puede oír todo, desde el susurro más suave de una brisa hasta el estruendo del motor a reacción de un avión despegando.

Una audición normal nos advierte de peligros, por ejemplo nuestros oídos pueden darnos informaciones sobre la ubicación y la velocidad de un automóvil acercándose. Una audición buena nos permite escuchar de forma selectiva, enfocando una conversación determinada en una fiesta y pasando fácilmente a otra conversación, sin perdernos ninguna palabra. También nos permite apreciar la belleza de la música de un cuarteto de violines y el sonido de la voz de una persona que queremos.

Como usted puede apreciar de lo descrito previamente, el oído es bastante complicado. Un problema con cualquier parte del sistema auditivo puede causar una pérdida auditiva. Los médicos definen dos categorías principales de pérdida auditiva. La pérdida auditiva de transmisión (o conductiva): Cualquier problema en el oído externo o medio puede bloquear la vía normal de transmisión del sonido hacia el oído interno y provocar una pérdida auditiva de transmisión.

Las pérdidas auditivas de transmisión son normalmente leves o moderadas, en el sentido que originan pérdidas que se sitúan en torno a los 50-60 decibeles. A menudo son pérdidas transitorias como las causadas por infecciones del oído , nariz taponada o resfriados y que en raros casos pueden empeorar con el transcurso del tiempo o acabar siendo permanentes sus efectos. Este tipo de perdida auditiva es muy común en los niños. Pérdida auditiva neurosensorial es el término usado para describir problemas en el oído interno, o bien en la cóclea, en el nervio auditivo o en la vía auditiva (frecuentemente llamada sordera neural).

Este tipo de pérdida auditiva puede ser causado por muchas cosas, pero la causa más común es el deterioro de las células ciliadas en la coclea debido a la edad y/o la exposición a sonidos altos. El 90% de todas las pérdidas auditivas son del tipo neurosensorial. Un problema de esta clase raramente puede ser solucionado con una intervención médica, pero afortunadamente los audífonos pueden ayudar. Un tercer tipo de pérdida auditiva es la llamada pérdida auditiva mixta, la cual es simplemente una combinación de los problemas de la pérdida auditiva conductiva y de la neurosensorial. Mucha gente con pérdida auditiva mixta también pueden beneficiarse de los audífonos.

Al generarse una pérdida auditiva, los sonidos comienzan a perder intensidad. Por lo general este proceso se produce gradualmente. Los sonidos en las altas frecuencias desaparecen primero. El gorgoreo de los pájaros en los árboles se percibe cada vez menos. La música se escucha menos clara. Como estas personas pueden usualmente percibir las frecuencias más bajas mejor o incluso normal, no llegan a reconocer la existencia de un problema.

Se olvida cómo las cosas sonaban antes, especialmente los sonidos más suaves, los cuales frecuentemente nosotros los escuchamos sin darles importancia. Cuando la pérdida auditiva empeora, los sonidos necesarios para el entendimiento del habla comienzan a ser afectados. Las consonantes débiles de frecuencias altas ya no se escuchan y empieza a ser difícil distinguir con seguridad un sonido de otro. En este momento puede resultar obvio que usted puede oír, pero que usted no puede entender siempre lo que se dice, especialmente cuando existen ruidos de fondo. Usted necesita subir el volumen del televisor. Le parecerá a veces que las personas hablan entre dientes, pero otras veces las entenderá perfectamente.

Es natural pensar que le problema reside en las otras personas que no pronuncian claramente, cuando en realidad es su audición la que no es clara. Debido a que las personas no pueden ver o entender su pérdida auditiva, ellas pueden pensar que usted es una persona insociable. El comentario "él puede escuchar perfectamente cuando él quiere" es una queja común de familiares y amigos de las personas que padecen de una hipoacusia. Debido a que una pérdida auditiva suele darse gradualmente, en la mayoría de los casos, es fácil ignorarla hasta que comience a tener un impacto mayor en su vida. Si la pérdida se produjera de un día al otro, la diferencia sería dramática y usted rápidamente buscaría ayuda para saber lo que ocurre.

Los niños pueden presentar todo tipo de hipoacusia, pero es muy frecuente la hipoacusia conductiva desarrollada por la acumulación de moco y el mal manejo de las presiones en el oído medio como consecuencia del mal funcionamiento de la trompa de Eustaquio, que es un pequeño orificio que comunica la nariz con el oído. Muchos de estos niños tienen problemas de adenoides y en algunos casos necesitan la intervención de un otorrinolaringólogo para solucionar este problema. Muchas veces se puede solucionar con medicamentos y en algunas ocasiones se requiere cirugía.

El tratamiento quirúrgico más común en los casos que no responden a los medicamentos es la cirugía de adenoides y la colocación de diábolos o tubos de ventilación en los tímpanos. Muchas veces hay asociado un problema obstructivo en el sueño o síndrome de apneas hipopneas del sueño. Estos niños presentan respiración bucal, roncan intensamente al dormir, suelen ser delgados y de poco apetito. Suelen tener también problemas de atención y pobre rendimiento escolar. Para más información relacionada al síndrome de apneas hipopneas del sueño le sugerimos que siempre visite la página www.otorrinohoy.com.ar. Los casos de perdidas auditivas de tipo neurosensorial pueden existir al nacer pero es menos frecuente que se desarrollen en el transcurso de la infancia.

En los recién nacidos es importante detectar la pérdida auditiva neurosensorial. Se estima que de dos a tres bebés por cada 1000 nacidos la sufre. En niños que fueron internados en unidades de cuidados intensivos neonatales o con factores predisponentes el riesgo se incrementa 20 a 50 veces. El estudio aceptado internacionalmente para detectar este problema en los bebés es la determinación de otoemisiones acústicas. La determinación de otoemisiones acústicas es un estudio simple, no invasivo, rápido, económico, confiable y preciso.

Con este método se puede detectar si un niño presenta este problema a las pocas horas de haber nacido y proceder a su tratamiento. Ley argentina 25415 vigente desde el año 2001 obliga a todos los integrantes del equipo de salud a indicar los estudios necesarios para la detección precoz de la sordera. Obliga también a los sistemas sanitarios (obras sociales y prepagas) a instrumentar la realización de estos estudios y todas las demás prácticas necesarias para el tratamiento precoz y efectivo del hipoacusico. (Boletín Oficial 3/5/01).

Cuadro de factores de riesgo auditivo definidos por el Comité Conjunto para la Audición infantil en 1982-1994

No. Significa que no es sordo en el momento del examen. Con los años muchas enfermedades pueden afectar la audición de los niños, pero esto es bastante poco frecuente. En el caso que pase bien la prueba, de todas maneras es recomendable seguir las pautas normales de evolución del lenguaje para controlar la audición porque existen las denominadas hipoacusias progresivas. Los niños con hipoacusia progresiva nacen con audición normal y luego esta se deteriora paulatinamente pudiendo llegar a una hipoacusia severa o profunda. ¡Es muy fácil!

  • Primer año: En general ya dicen alguna palabrita, por ejemplo mamá, papa, papá.
  • Tres años: Dicen frases completas. Si bien no hablan perfecto todo el mundo les debe entender cuando hablan.
  • Seis años: Deben hablar perfectamente como un adulto.

También es importante estar atento a como reaccionan los niños a la mú'sica o ruidos. Cualquier atraso en el lenguaje o dudas en la audición del niño deben motivar la consulta al otorrinolaringólogo.

No. Significa que se deben realizar más pruebas auditivas para determinar la audición del niño. Se debe consultar con un otorrinolaringólogo para descartar o confirmar la sordera. Es muy habitual que estos estudios den mal por causas muy simples como por ejemplo un catarro. El especialista controlará el conducto auditivo externo y el oído medio. Se deben descartar la presencia de cerumen, cáseum, infecciones en el oído u otopatía secretora. Estas son las razones más comunes por las que los pacientes no pasan las pruebas iniciales.

Hoy en día la mayoría de las sorderas son tratables con éxito si se detectan precozmente. Si es tratado rápidamente el niño puede tener un desarrollo normal, igual a un niño que escucha. Si detectamos la sordera tarde los resultados del tratamiento pueden ser mucho más pobres o directamente no haber tratamiento posible. La respuesta de los pacientes al tratamiento esta directamente relacionada con la precocidad en la intervención. Ha sido documentado por numerosos autores que un diagnóstico y tratamiento tardío pueden perjudicar o imposibilitar dicha habilitación generando al paciente un daño irreparable.

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